Sus primeros días de vida… en casa

Los primeros días tras el parto suelen resultar complicados. Se trata de un cambio físico y emocional muy drástico para la madre que ha portado durante nueve meses a su bebé y que después lo ve dormir a su lado. Ahora, esa parte de ti, que te ha pertenecido y que has sentido tan propia, asume su propia autonomía, aunque sigue dependiendo de ti para todo.

 

Y aunque psicológicamente te has estado preparando para este momento, es muy posible que todo lo que pase a partir de ahora, supere con creces tus expectativas y surjan inseguridades: “¿sabré hacerlo bien?”, “¿seré capaz de quererle?”, “¿me querrá?”. Son momentos de confusión y de cambios a los que tienes que ir adaptándose a marchas forzadas y en los que se espera de ti una respuesta inmediata. El bebé tiene necesidades constantes que hay que cubrir, no puedes despistarte ni un segundo, y sin embargo, tú aún estás algo aturdida por el parto.

 

Sabes que sobre ti recae la responsabilidad de atender a tu hijo sin a penas conocerle. Son también días llenos de inquietud y preocupación por el estado de salud de tu bebé, por la lactancia, por los cuidados que requiere y por tu propia recuperación. Pero no desesperes, ten paciencia, confía en ti y déjate ayudar. Rodéate de personas con las que te sientas arropada y no temas mostrarte vulnerable e insegura. Es normal, todas las mamás han pasado por ello. Pregunta todo lo que necesites saber a tu pediatra y date permiso para no ser perfecta. Disfruta del vínculo que ahora se fortalece con tu bebé, pues será tu guía para cubrir todas sus necesidades físicas y emocionales.

 

La integración en casa

 

Es muy probable que los primeros días todos estéis un poco desubicados en casa. Es lógico, se ha producido un cambio transcendental en vuestra vida y necesitáis un tiempo para aceptarlo, integrarlo y acostumbraros a ello. Todo es nuevo para ti y para tu pareja y son muchas las demandas del bebé. Tómatelo con calma y date tu tiempo. Apóyate en tu pareja en todo momento, intégrale en las tareas y en el cuidado del bebé, así todo resultará más fácil para los tres. Es especialmente útil que ambos podáis participar de todo este proceso desde el primer momento, y sobretodo, es tremendamente beneficioso para el desarrollo de tu hijo. Además, si trabajáis juntos, os haréis la vida más fácil y se aliviarán muchas tensiones.

 

Te aconsejo que los primeros días siempre que podáis le bañéis juntos, que ambos aprendáis a cambiarle y vestirle, que durante las tomas tu pareja esté presente y que ambos participéis en el momento de acostarle. Si hay otros hermanitos, también podéis integrales en todo el proceso para que nos se sientan desplazados. Más adelante, podréis turnaros en las tareas con el bebé y así descansar también de forma independiente y tener tiempo para ocuparos de vuestras cosas.

 

Su cuarto

 

Una de las cosas que más ilusiona a las mamás es preparar el cuarto de su bebé. Será su propio espacio, un entorno que tiene que proporcionarle tranquilidad, seguridad y confort. Elige colores suaves y pocos muebles. Con una cuna, un armario para su ropita, un cambiador y un sillón para sentarte cuando le des el pecho bastará.

 

Puedes adquirir distintos accesorios muy útiles, unos servirán para su estimulación como un carrusel musical o con luces tenues para la cuna y otros, para su seguridad como los intercomunicadores inalámbricos, que te mantendrán informada permanentemente del estado de tu bebé, algunos incluso, incorporan una cámara de video.

 

Hazte con una cuna portátil o de viaje y ponla en vuestra habitación para facilitar las tomas y la vigilancia del bebé los dos primeros meses. Después, es conveniente que, cuanto antes, el bebé duerma en su habitación para instaurar hábitos adecuados de sueño. No te preocupes por su seguridad, asegúrate de acostarle de lado o bocabajo con la cabecita ladeada para evitar que se atragante. Puedes poner una almohada en su espalda para evitar que se dé la vuelta. Además, los intercomunicadores te alertarán de cualquier cosa que suceda. Asegúrate que la temperatura de su habitación sea algo mayor que la del resto de la casa, lo ideal son 20°C.

 

Sus primeros cuidados

 

El ombligo

 

El ombligo es el final del cordón umbilical que te unió a tu hijo durante la gestación y mediante el cual, se alimentaba. Al nacer, el cordón se corta y se pinza. Pasados unos días, (entre 8 y 15), se seca y se cae por sí mismo, quedando en su lugar una especie de cicatriz.

 

La higiene y el cuidado del ombligo es un tema que suele preocupar un poco a las mamás los primeros días hasta que se familiarizan con ello. No te agobies por este tema porque a tu bebé no le duele ni le escuece el ombligo cuando se lo curas, ni siquiera cuando le aplicas alcohol.

 

Para facilitar un correcto proceso de cicatrización, el ombligo sólo ha de mojarse una vez al día. Aprovecha el baño diario para hacerlo. El resto del tiempo procura que no se moje la gasa que lo recubre con su propio pis o mientras le limpias. Si pasase, sécala o cámbiala de inmediato.

 

Aplica alcohol de 70 o 90º sobre la pinza que lo sujeta para agilizar el secado, también puedes aplicar clorhexidina para evitar infecciones. Pregunta a tu médico o farmacéutico, ellos sabrán orientarte. Evita la utilización de mercurocromo y povidona yodada como antisépticos, pues el primero, puede provocar reacciones adversas en su piel y el segundo, interferir en el funcionamiento correcto del tiroides por sobrecarga de yodo.

 

Las tomas        

 

Los primeros días dale de comer a demanda (pasadas unas semanas las tomas se irán espaciando y te resultará más fácil programarlas) y déjale que succione tanto tiempo como quiera, salvo que te haga daño. Cuanto más chupe él, más leche tendrás tú. Eso sí, no tiene que suponer para ti un sufrimiento, has de estar cómoda y relajada sin forzar la espalda. Para ello, siéntate apoyando bien la espalda y los brazos y ten a mano un vaso de agua para hidratarte. Ayúdale introduciendo el pezón en su boca para que lo abarque todo y pueda succionar bien. Al principio puede resultar un poco complicado para algunos bebés, pero luego se acostumbran con gran rapidez.

 

La leche materna es el mejor alimento para favorecer un crecimiento adecuado del bebé, pero algunas mamás no tienen leche suficiente o su leche no contiene todos los nutrientes que el bebé necesita para crecer saludablemente. No debes preocuparte por ello, ni sentirte inútil. La naturaleza es sabia y si no tienes la leche que tu bebé necesita, lo mejor es no dársela. No pasa nada.

 

Otras mamás, prefieren no dar el pecho. Se trata de una decisión personal y por la que no tienes que sentirte culpable ni presionada. Es verdad que la leche materna aporta los anticuerpos necesarios para combatir mejor las enfermedades, reduce la probabilidad de desarrollar alergias alimenticias y favorece el vínculo entre madre y niño. Pero actualmente en tu farmacia encontrarás estupendas leches de fórmula para tu bebé que contienen prebióticos y nucleótidos que contribuyen a reforzar su sistema inmune, además de minerales, vitaminas y ácidos esenciales omega 3 y 6. En definitiva, todo lo que él necesita para crecer fuerte y sano. Consulta con tu médico o farmacéutico cual es la que mejor se adapta a tu bebé.

 

Pero recuerda que lo verdaderamente importante no es el tipo de leche que tu hijo recibe, sino la calidad del intercambio emocional cuando le alimentas y eso, puedes hacerlo tanto si le das el pecho como el biberón. Además, si les das biberón, su papá también puede participar en las tomas.

 

Vestido y cambio de pañal

 

Los cambios de pañal serán muy frecuentes los primeros meses. Los bebés recién nacidos requieren un cambio más de diez veces al día por lo que rápidamente acabarás familiarizándote con ello. Puedes elegir entre una gran variedad de pañales desechables o lavables. Ambos resultan caros, pero son imprescindibles para el confort de tu bebé. Cámbiale tan pronto como se haya ensuciado. Así el bebé se sentirá limpio y tranquilo y evitarás irritaciones innecesarias en la piel de su culito.

 

Cuando le limpies, usa una esponja suave con jabón neutro o toallitas especiales para bebés y pon especial atención en los pliegues de su piel para evitar que se depositen las bacterias. Si es una niña límpiale siempre hacia atrás, de la vulva al ano. Consulta con tu farmacéutico cual es la mejor pomada para evitar irritaciones y aplícasela después de cada cambio de pañal.

 

El baño

 

El momento del baño es uno de los más especiales para todos, pues permite estrechar el vínculo emocional entre los papás y el bebé. Es estupendo que lo hagáis los tres juntos y así, mientras uno de vosotros enjabona al bebé, el otro puede sujetarle y ambos disfrutar juntos.

 

Usa una bañera especial para el bebé, llénala con poca agua y asegúrate de que su temperatura esté entre 36°C y 37°C. Usa un termómetro especial para ello, así te evitarás sustos innecesarios. Si estás tú sola, coge al bebé con una mano y apóyalo en tu brazo, mientras con la otra, le vas enjabonando suavemente. No te preocupes si se moja su ombligo, aprovecha el baño para limpiarlo, pero recuerda que ya no podrás mojarlo más durante el día. Luego sécalo con cuidado y aplícale alcohol de 70°C o 90°C para facilitar su cicatrización.

 

Aclárale con mucho cuidado, especialmente su cabecita, evitando que le entre agua en los ojos. Después, envuélvele en una toalla y llévatelo al cambiador. Allí te resultará más fácil darle su crema y vestirle. Aprovecha este momento para masajear con suavidad al bebé, con ello no sólo hidratarás su piel, sino que además, le proporcionarás una sensación de tranquilidad y relajación que le ayudará a dormir. Las caricias también contribuyen favorablemente en su crecimiento físico y emocional.

 

Y cuando llora… qué hacer

 

El llanto de un bebé es una de las cosas que más angustia a las mamás. Al principio porque no sabes qué es lo que le pasa y después, porque no sabes cómo calmarlo. Lo más importante es que mantengas la calma y no te preocupes de forma innecesaria. Los bebés utilizan el llanto para comunicarse porque no tienen otra manera de hacerlo, pero no has de alarmarte siempre por ello, sólo tienes que aprender a interpretarlo.

 

Cuando llore, acude serenamente a ver qué sucede y pronuncia palabras tranquilizadoras en voz alta para que sepa que respondes a su llamada. También mientras te acercas a él puedes utilizar su nombre para calmarle. Pero recuerda que tu tono de voz ha de ser suave y confiado. Cuanto más tranquila estés tú, más tranquilo permanecerá él. Tu bebé percibe todos tus cambios emocionales a través de tu voz y del latido de tu corazón. Así que, si le coges en brazos, asegúrate de que estás tranquila para poder transmitirle tranquilidad a él. Si no lo estás, es mejor que antes te calmes, respires despacio, le hables con calma y en voz baja, y después le cojas.

 

Un bebé puede llorar por muchas razones y unos lloran más que otros. Lo normal es que llore porque está sucio, tiene sueño, hambre o sed, frío o calor o porque le duele algo. Al principio tendrás que ir descartando cada causa, hasta que aprendas a reconocer cada clase de llanto. No te preocupes, es algo que todas las madres tienen que aprenden y te aseguro que lo aprenderás. Pero, como norma general, un llanto agudo que no cesa hagas lo que hagas, es indicativo de que algo no marcha bien. El resto de los llantos suelen remitir cuando se soluciona la causa que los provoca.

 

 

Asuntos de Salud

 

Los cólicos

 

Los cólicos son una de las causas más frecuentes de llanto en los lactantes. Suelen comenzar alrededor de las dos semanas de vida y desaparecer pasadas las 14. Se producen con más frecuencia por la tarde y empeoran por la noche. Se desconocen las causas exactas que los provocan, aunque algunas teorías afirman que se debe a una inmadurez de sus intestinos, a un exceso de gases o a una mayor sensibilidad a algún alimento. Cuando aparezcan, coloca al bebé sobre tu brazo bocabajo, así le aliviarás.

 

Si le das el pecho, elimina los cítricos y los lácteos de tu dieta. Existen fármacos muy seguros que reducen mucho los cólicos. Consulta con tu médico. Pregunta también a tu farmacéutico sobre los distintos tipos de biberones que existen en el mercado para disminuir su aparición, son muy eficaces.

 

Hernia umbilical

 

El ombligo, durante las primeras semanas de la vida del bebé, es una zona bastante sensible, porque es donde se producía la intersección con el cordón umbilical por el que pasaban las venas y las arterias de la placenta para alimentarle y evacuar desechos. Normalmente, cuando nace el bebé, esta zona se cierra, pero en ocasiones, queda un pequeño orificio por el que pueden salir al exterior pequeñas trazas del intestino.

Muchas de las hernias umbilicales de menos de 2 cm, que se detectan en los primeros meses de vida del bebé, acaban desapareciendo por sí solas y no requieren ningún tipo de intervención. Ante cualquier duda, consulta con tu pediatra.

 

Como te sientes…

 

En estas primeras semanas tras el parto, te sentirás de muchas maneras diferentes. Los primeros días, es muy probable que estés especialmente sensible a todo y a todos. Tu cuerpo ha sufrido una gran conmoción física y tardará meses en recuperarse. Tus hormonas seguirán desempeñando un papel muy importante durante la lactancia y eso podrá desestabilizarte un poco a nivel emocional y provocar una bajada en tu estado anímico. Te sientes perdida y asustada, en ocasiones incluso, un poco inútil porque no sabes como cubrir las demandas de tu bebé: qué hacer cuando llora, cómo darle de mamar, cómo ayudarle para dormir, cómo cambiarle, cómo cogerle…

Para colmo, todo el mundo te aconseja sobre lo que debes hacer y te sientes abrumada. Es normal, no desesperes y date tu tiempo. Nadie nace sabiendo. Todo se aprende y ser madre, no es una excepción. Además, estás agotada por el esfuerzo del parto y ahora duermes peor que antes porque estás más pendiente de tu bebé. No te preocupes, te recuperarás. Pero todo lleva su tiempo. Por eso en esta etapa, has de cuidarte mucho más.

 

Mi consejo como psicóloga

La depresión postparto no es ningún mito y mucho menos una tontería o sensiblería de las mamás. Se trata de un cuadro clínico que afecta a muchas mujeres tras el parto. Se caracteriza por un estado de ánimo abatido, sentimientos de inutilidad y apatía intensa, que, en los casos más graves, puede provocar un rechazo hacia el bebé.

 

No te sientas culpable por padecerla y ponte manos a la obra. Apóyate en personas de tu entorno, delega alguna de tus responsabilidades y ocúpate más de ti. Descansa convenientemente, no descuides tu alimentación y planifica momentos de esparcimiento sólo para ti, en los que puedas distraerte y descargarte un poco. Cuida tu aspecto y esfuérzate por ponerte guapa, pues ahora el espejo te devolverá una imagen de ti misma que te cueste reconocer. No es el momento de criticarte ni de fijarte en todo lo que no te gusta o no sabes hacer. Háblate de forma positiva y amable, y felicítate por cualquier pequeña cosa que te salga bien o por cualquier pequeño avance.

 

Y sobretodo, no te angusties, porque es pasajera. Tu cuerpo se recuperará poco a poco, aunque tardará algunos meses hasta que vuelva a ser el de antes. Aprovecha para apuntarte a clases de recuperación tras el parto, allí te enseñaran ejercicios muy útiles para volver a estar en forma y recuperar el tono muscular.

 

Si pasadas unas semanas no remite, pide ayuda profesional. Los psicólogos estamos muy acostumbrados a trabajar con mujeres que pasan por ello. Sois muchas, así que no tienes de qué avergonzarte. Te aseguro que con la asistencia adecuada, conseguirás manejarla sin problemas.

Laura García Agustín

Psicóloga Clínica , Clavesalud Consulting

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