De los seis a los doce meses

 

Esta es una etapa llena de cambios transcendentales para tu hijo. En seis meses aprenderá a sentarse, gatear, sostenerse en pie y dar sus primeros pasos. Pronunciará sus primeras palabras y responderá a su nombre. Estos aprendizajes son imprescindibles para su desarrollo cerebral.

 

Desarrollo psicomotor

 

En esta etapa tu bebé maneja mejor la parte superior de su cuerpo y sus movimientos. A los seis meses, controla el giro de su cabeza y puede permanecer sentado. Gatea e interactúa con los objetos de una manera más activa, los coge y los pasa de una mano a otra, los agita, los tira a su antojo y se los lleva a la boca. El gateo contribuye enormemente al desarrollo de su autonomía al poder elegir sus desplazamientos, ayuda a su desarrollo neurológico porque se activan los dos hemisferios cerebrales y favorece la coordinación motora. En torno a los diez meses ya puede ponerse de pie y dar sus primeros pasos con ayuda. Pero no será hasta los doce cuando comience a andar, suba y baje escalones.

 

A los diez meses puede sostener su cuchara y comer solo. Eso sí, se pondrá perdido, pero no importa. Lo importante es que está perfeccionando su coordinación ojo-mano y su habilidad para manipular objetos. A los doce meses ya se quita la ropa y quiere vestirse solo.

Desarrollo afectivo

 

A los seis meses tu bebé diferencia distintos tonos de tu voz, sabe cuando estás contenta o enfadada. Llora cuando está incómodo y se ríe cuando está contento. A los nueve, aumenta su curiosidad por descubrir el mundo que le rodea y se afana por encontrar los juguetes que ha dejado caer aunque estén fuera de su vista. A los siete meses, pronuncia sonidos de dos sílabas y a los nueve, ya puede repetir palabras que tú pronuncias y si le llamas, responde a su nombre. Sigue muy vinculado a ti, aunque cada vez se interesa más por otras personas, por lo que ya no lamenta tanto tus ausencias.

Cuidados básicos: comida y sueño

 

Comida

 

El destete comienza a partir de los seis meses. Es cuando conviene empezar a completar la lactancia con otros alimentos. Introduce primero las frutas, luego poco a poco las verduras y al final, los cereales sin gluten para evitar intolerancias. La clave está en introducir los alimentos de uno en uno, para habituarle a su sabor y detectar posibles alergias. En tu farmacia encontrarás multitud de papillas con harina de cereales sin gluten. Pregunta a tu farmacéutico por la mejor opción para tu bebé.

 

A partir de los siete meses, y una vez comprobado que le gusta el puré de verduras y las papillas de cereales sin gluten, ya puedes empezar a introducir otros cereales como el trigo. Lo mejor para empezar será que incorpores sólo dos cucharaditas al biberón, después ve aumentando la cantidad e introduce sémola y pasta. De este modo, su papilla será más nutritiva al enriquecerse con almidón y proteínas.

 

A los ocho meses ya puedes introducir en la papilla nuevas texturas y alimentos como la carne y los lácteos específicos para la infancia. La carne es una nueva fuente de proteínas rica en aminoácidos esenciales y que le aporta una buena dosis de hierro. Los lácteos son una valiosa fuente de calcio que le ayudarán a regular su función intestinal. Consulta con tu farmacéutico la variedad de lácteos específicos para la infancia. También puede empezar a beber con un vaso con tapa especial para bebés, así irá desterrando el biberón.

 

Aprovecha la comida para disfrutar de un intercambio positivo con tu hijo. No conviertas ese momento en una batalla campal para que se lo coma todo. Muchas madres se angustian en exceso por alimentar correctamente al niño y se olvidan de disfrutar del momento. Se trata de que le enseñes a comer de una forma distendida. A él le gustará coger la cuchara y tocar la papilla con las manos. No le coartes. A la par que le das de comer, dale una cuchara especial para bebés y elógiale mientras come.

 

Sueño

 

Alrededor de los ocho meses ya se habrá establecido un patrón regular de sueño. Lo normal es que a esta edad duerma unas 14 horas diarias, 11 por la noche y 3 repartidas en una siesta por la mañana y otra por la tarde.

 

En esta etapa puede ser frecuente el llanto antes de dormir. Normalmente está relacionado con la angustia de separación. Se trata de algo normal y que forma parte de su desarrollo emocional. El niño tiene que aprender que su madre puede ausentarse de su lado, pero al principio le genera inseguridad y angustia. La mejor manera de resolverlo es no darle la menor importancia y asegurarle al niño que estás cerca. Puedes dejar la puerta abierta para que oiga vuestras voces mientras va quedándose dormido, pronto aprenderá que no pasa nada por quedarse solo. No te olvides de introducir en su rutina de sueño, un peluche que lo acompañe siempre, dáselo para que lo acaricie mientras se quede dormido, le dará seguridad.

 

Si el bebé se despierta, acude tranquilamente, háblale con calma mientras le acaricias y acércale su peluche (al que le habrás puesto un nombre) y dile que está a su lado, eso le tranquilizará de nuevo.

 

Ten paciencia y no desesperes, este proceso puede repetirse varias veces durante el día o la noche. La angustia que siente tu bebé ante la separación no es caprichosa, se trata de un mecanismo de defensa para combatir su inseguridad y su temor a quedarse solo. Pero no te angusties tú, tu hijo aprenderá a manejarlo en poco tiempo si le ayudas correctamente.

 

 

Hábitos de conducta y juego

 

Las normas y el “no”

 

Es el momento de establecer las primeras pautas con tu hijo para favorecer un adecuado desarrollo psicoemocional. Las normas son necesarias para que el niño crezca y se desarrolle correctamente. Con ellas aprenderá lo que está permitido y lo que no. Desde los siete meses el niño ya entiende el “no”. Utilízalo ante los comportamientos inapropiados que desees corregir.

 

En esta etapa le encanta explorar y lo toca todo, incluso cosas que pueden resultar peligrosas. Corta de inmediato este tipo de comportamientos con un enérgico “no”, retírale de la situación y distráele con otra cosa. Mantente firme, si has dicho no, procura mantenerlo, de otro modo perderás autoridad.

 

También has de enseñarle a pedir las cosas y a esperar cuando quiere algo, así le enseñaras a tolerar la frustración, algo que le resultará muy útil para su crecimiento emocional posterior.

 

Pero procura no excederte con las prohibiciones, se trata de instaurar algunas normas, no de coartar su libertad y autonomía. Ponte de acuerdo con tu pareja sobre lo que está permitido y sobre la manera de dar instrucciones al niño para que no incurráis en contradicciones. Si tú dices no, su papá ha de suscribirlo. Si no sois coherentes lograréis confundir al niño y conseguiréis que acabe saliéndose con la suya y eso, al final, os traerá consecuencias indeseables más tarde.

 

El juego

Esta es una etapa de descubrimientos y de nuevas adquisiciones. Tu hijo está aprendiendo a explorar y a comunicarse a través del lenguaje. Es el momento de aprovecharlo para sacarle el máximo rendimiento a su aprendizaje a través del juego. Busca todos los días un rato para hablarle directamente, describirle lo que estás haciendo: “ahora te pongo el pañal”, “vamos a irnos de paseo”, etc., y alabarle: ”qué guapo estás”. Tú sigues siendo la persona más importante de su vida y necesita una atención plena cuando está contigo, dile con frecuencia que le quieres y lo importante que es para ti.

 

Llámale por su nombre para que se acostumbre a escucharlo. A partir de los nueve meses responderá a él y dale tiempo para que te responda, aunque al principio sólo lo haga con gestos, te entiende. Cuando señale algo que le guste, dile cómo se llama y construye una frase sencilla con ello: “este es tu biberón”, “esta es la pelota”, etc.

 

Usa muñecos o marionetas para fomentar su creatividad y para enseñarle nuevas palabras y sonidos. Cántale canciones, cuéntale cuentos y mientras lo haces, muéstrale distintas imágenes y aprovecha para nombrar lo que ve. Utiliza materiales didácticos de distintos tamaños y texturas que él pueda manipular, así estimulas sus sentidos.

 

Fomenta su sociabilidad, aunque no le presiones para compartir sus cosas, en esta etapa no querrá hacerlo. Juega con él a decir “hola” y “adiós” con la manita. Así aprenderá que la gente viene o se va y tolerará mejor las ausencias de las personas con las que se siente seguro, sobretodo la tuya. Además es algo que le divierte mucho y le hace reír. Enséñale a esperar su turno cuando quiere comunicarse contigo y tú estás ocupada. Para conseguirlo, no respondas de inmediato a sus requerimientos, espera unos segundos y luego atiéndele, tiene que aprender que su mamá no está disponible siempre que él quiere. Eso sí, no dejes de atender una petición, se trata sólo de que la demores unos instantes.

 

Asuntos de Salud

 

La seguridad de tu hijo

 

Con el comienzo del gateo se multiplican los peligros para tu bebé, pues aumenta su autonomía y sus ganas de explorarlo todo. Por eso es fundamental que prepares un entorno seguro para él. Pon cerrojos y topes en las puertas. Protege las esquinas de los muebles. Cubre los enchufes. Limita el acceso a las escaleras con una barrera. Mantén fuera de su alcance medicinas, detergentes y objetos que pueda tirarse encima. Prepara un botiquín completo con las cosas que más puedas necesitar. Aprende estrategias básicas de primeros auxilios y ten a mano el teléfono de emergencias.

 

Sus primeros dientes

 

Los primeros dientes del bebé suelen aparecer en torno a los seis meses, aunque, a alguno a los cuatro, ya le ha salido el primero. La precocidad o retraso en la aparición de los dientes, no tiene porqué preocuparte. Tiene que ver con las características individuales de cada niño y suele tener un componente hereditario.

 

Durante esta etapa tan molesta, tu hijo producirá una gran cantidad de saliva y tratará de morderlo todo para aliviar el dolor. Dale mordedores de gel frío que encontrarás en tu farmacia, suele proporcionarle un gran alivio. La salida de los dientes suele venir acompañada de otras molestias como fiebre, resfriado y diarrea. Consulta con tu médico la manera de manejarlo.

 

La aparición de los dientes de leche tiene mucho que ver con el desarrollo de su alimentación. Por eso, los primeros en salir son los incisivos, ideales para masticar verduras y alimentos blandos. Suelen aparecer entre los 6 y 14 meses. Después vendrán los molares y caninos más adecuados para triturar la carne, entre los 14 y 24 meses.

 

Visitas al médico y vacunas

 

En este semestre, a tu hijo le tocará una revisión con el pediatra, la de los ocho meses. Se trata de una visita rutinaria para comprobar que todo marcha bien y que su desarrollo es el correcto. Si todo está en orden, no volverás al pediatra hasta poco antes de los dos años, salvo para administrarle las vacunas oportunas entre 12 y 18 meses .

 

Como te sientes…

 

Ha llegado el momento de incorporarte al trabajo y es probable que aún no te apetezca especialmente, porque ahora te has acostumbrado a tu nueva rutina con el bebé. Es normal que sientas pereza después de tantos meses. Además, es posible que también te sientas algo culpable por dejar a tu bebé en manos de otras personas o por llevarlo a la escuela infantil. Surgirán algunos miedos relacionados con su seguridad: “a ver si le va a pasar algo” y con la calidad del trato que recibirá: “¿estará bien?”. No te angusties. Es algo que les ocurre a casi todas las mamás llegado este momento. Acabarás acostumbrándote.

Mi consejo como psicóloga

Deja de lamentarte, de ponerte en lo peor y de centrarte en lo negativo. Así no solucionas nada. No te adelantes a los acontecimientos ni anticipes desastres que no tienen porqué producirse. Si lo haces, sólo conseguirás angustiarte sin necesidad.

 

No seas demasiado dura contigo misma. Ya sabías que tendrías que volver al trabajo y que tendrías que distanciarte temporalmente del bebé. No pasa nada. Ahora sólo tienes que pensar en las ventajas de retomar tu nivel de actividad anterior al embarazo. Céntrate en lo que está a tu alcance, no en lo que no puedes hacer. Es el momento de delegar y de confiar en que las cosas saldrán bien. Aunque ahora no lo veas, te aseguro que acabarás alegrándote de recuperar tu otra vida.

Laura García Agustín

Psicóloga Clínica , Clavesalud Consulting

TU HIJO La mejor Guía Práctica / de 6 a 12 meses de vida
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